Por Redacción
Ciudad de Mexico, 16 de marzo de 2026.- Mientras el estado de Sonora destaca por liderar la contratación de 419 médicos especialistas para el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en la Jornada de Reclutamiento 2026, un análisis nacional del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) revela que México mantiene el menor gasto público en salud por persona de América Latina, con un modelo que depende en un 39.1% del gasto directo de los ciudadanos. La aparente mejora en recursos humanos en una entidad contrasta con una crítica estructural al financiamiento del sistema sanitario en su conjunto.
El gobernador de Sonora, Alfonso Durazo Montaño, celebró el resultado de la jornada de contratación del IMSS, realizada entre el 2 y el 11 de marzo, que posicionó a la entidad a la cabeza nacional en la incorporación de especialistas. Durazo vinculó este logro con la construcción y modernización de seis hospitales en el estado, presentándolo como un fortalecimiento tangible de la infraestructura y los servicios de salud pública.
Sin embargo, esta noticia local positiva se ve opacada por un panorama nacional crítico descrito por Sergio Meneses Navarro, especialista del Centro de Investigación en Sistemas de Salud del INSP. Según su análisis, México destina la menor proporción de recursos públicos per cápita a la salud en toda la región latinoamericana, una situación que califica de insuficiente y desigual.
Los datos del especialista detallan que solo el 51.9% del gasto total en salud en el país es de origen público, lo que significa que casi la mitad de la financiación del sistema proviene de fuentes privadas. Más preocupante aún es que el 39.1% corresponde a gasto de bolsillo, es decir, pagos directos que realizan las familias mexicanas al momento de recibir atención, un indicador que refleja barreras económicas para el acceso y un riesgo de empobrecimiento por motivos de salud.
Esta contradicción entre avances puntuales en algunas entidades federativas y un modelo de financiamiento nacional considerado débil pone en evidencia los retos estructurales del sistema de salud mexicano. Mientras algunas administraciones estatales, como la de Sonora, reportan acciones concretas para fortalecer la plantilla médica, el esquema general sigue dependiendo de manera significativa de la capacidad económica de los usuarios.
El contexto sugiere que, sin una inyección sustancial de recursos públicos que aumente la cobertura y reduzca el gasto de bolsillo, las mejoras aisladas en infraestructura o personal podrían verse limitadas en su impacto para garantizar un acceso universal y equitativo a servicios de salud de calidad en todo el país.