Por Redacción
Ciudad de Mexico, 26 de julio de 2026.- La economía estadounidense sigue mostrando un sólido dinamismo, según afirmó Carlos Serrano, de BBVA Research. Para este año, la firma estima que el crecimiento será de 2.4%, una cifra en línea con el 2.3% pronosticado por el Fondo Monetario Internacional.
Este desempeño se explica en gran medida por el bum de la inversión en inteligencia artificial (IA), además de jugar un papel importante la política fiscal expansiva y el aumento en la productividad registrado en los últimos cinco años. Sin embargo, Serrano señaló que “aun así, es pronto para afirmar si la mayor productividad se debe mayoritariamente a la adopción de la IA o a cambios estructurales que trajo la pandemia, como la mayor digitalización y el trabajo a distancia”.
Los efectos positivos de la inteligencia artificial han contrarrestado, al menos por ahora, los impactos nocivos de políticas públicas como el proteccionismo comercial y la reducción en la inmigración, esta última causante de un estancamiento en la fuerza laboral. La resiliencia del consumo se sustenta en el buen desempeño de los precios de las acciones de compañías relacionadas con estas nuevas tecnologías, lo que ha generado ganancias de riqueza que, no obstante, pueden ser frágiles.
Existe incertidumbre sobre la sostenibilidad de este escenario. Si el mercado percibe que los efectos de la IA serán menos relevantes de lo esperado o llegarán más tarde, podría producirse una corrección en los precios de las acciones con efectos negativos sobre la inversión y el consumo. A esto se suman riesgos fiscales, dado que Estados Unidos presenta déficits públicos muy elevados, de alrededor de 6% del PIB.
Con un mercado laboral cerca del pleno empleo y una economía creciendo por encima de su potencial, estos déficits constituyen una política fiscal procíclica que coloca la deuda pública en una trayectoria insostenible. Como resultado, los rendimientos de los bonos gubernamentales a 30 años se ubican en su nivel más alto desde 2007.
Adicionalmente, presiones inflacionarias derivadas del aumento en los precios de los energéticos, resultado del cierre del Estrecho de Ormuz, y de los aranceles a las importaciones, podrían limitar la capacidad de respuesta de la Reserva Federal si se materializan riesgos al consumo y a la inversión. En conclusión, aunque hay dinamismo, elementos como la sostenibilidad del bum de la IA, las finanzas públicas, las ineficiencias del proteccionismo y los efectos de la guerra en Irán sobre la capacidad de compra podrían suponer una corrección importante a la expansión económica observada desde el fin de la pandemia.