Por Redacción
Teherán, 22 de marzo de 2026.- La tensión militar en Oriente Próximo alcanzó un punto crítico este domingo tras confirmarse un bombardeo a la escuela Shajareh Tayyebeh en la ciudad iraní de Minab, que dejó un saldo de 170 personas fallecidas, mientras que en el lado israelí, los ataques reportados en Arad dejaron más de 60 heridos, 10 de ellos en estado grave. Este intercambio de hostilidades se produce en un contexto de acusaciones cruzadas sobre violaciones de espacio aéreo y amenazas directas a infraestructura energética y nuclear, con la participación retórica de actores globales como Estados Unidos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
Las autoridades iraníes han responsabilizado a Israel de la destrucción de la institución educativa en Minab, aunque no se ha obtenido una confirmación independiente sobre la autoría material del ataque. Por su parte, el portavoz militar iraní, identificado en los reportes como Ebrahim Zolfaqari (también citado como Zolfagari), afirmó que las defensas aéreas de su país detectaron y atacaron un caza F-15 dentro de su espacio aéreo, una versión que fue negada categóricamente por el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM). Asimismo, Teherán aseguró haber alcanzado un caza F-16 israelí, declaración que fue desmentida por Jerusalén, que sostuvo que la aeronave no sufrió daños.
En medio de la escalada, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, realizó declaraciones públicas durante una visita a la zona de Arad, donde se registraron las víctimas por los proyectiles provenientes de la región. El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, emitió un comunicado oficial en respuesta a los developments, mientras que el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, utilizó la plataforma X para transmitir la posición legislativa de Teherán frente a la ofensiva. Las operaciones militares reportadas también incluyen la destrucción de infraestructura en Líbano atribuida a fuerzas israelíes, ampliando el frente de conflicto más allá de la frontera directa entre Irán e Israel.
La dimensión humanitaria y los riesgos tecnológicos han motivado la intervención de organismos internacionales. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, realizó declaraciones públicas alertando sobre la situación, mientras que el OIEA ha expresado preocupación por las amenazas dirigidas a instalaciones nucleares. La posibilidad de un ataque a infraestructura crítica energética mantiene en alerta a los mercados globales, aunque no se ha confirmado el cierre del estrecho de Ormuz ni el cumplimiento de algún ultimátum de 48 horas atribuido al expresidente Donald Trump en el contexto actual.
En el ámbito político estadounidense, el senador Bernie Sanders ha presentado una propuesta legislativa para bloquear una venta de armas valorada en 658 millones de dólares destinada al bloque involucrado en el conflicto. Esta iniciativa busca condicionar el apoyo militar en medio del debate sobre la intervención extranjera, aunque el resultado de la propuesta en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado aún se encuentra pendiente. La convergencia de acciones militares, negaciones contradictorias sobre aviones derribados y advertencias sobre capacidades nucleares configura un escenario de alta volatilidad donde la diplomacia enfrenta límites estrechos ante la expansión de la violencia.