SEVILLA, 29/03/2026.- La Virgen de La Estrella, de la hermandad de la Estrella, recorre el barrio de Triana durante su procesión de Domingo de Ramos, este domingo en Sevilla. EFE/ José Manuel Vidal
Morelia, 30 de marzo de 2026.- Las celebraciones del Domingo de Ramos en México fueron escenario de críticas hacia la violencia y llamados a una reflexión profunda sobre el verdadero significado de la Semana Mayor.
Desde la Catedral de Morelia, el arzobispo José Armando Álvarez Cano arremetió contra los “Pilatos modernos” que se lavan las manos frente a la violencia y la injusticia. “Nos encontramos en momentos difíciles en la humanidad, de tantas guerras, de tanta soberbia de sus dirigentes y de tanto sufrimiento también de familias y personas que sufren las consecuencias”, dijo en su homilía.
En Torreón, el obispo Luis Martín Barraza Beltrán inauguró la Semana Santa con un llamado a que no se reduzca a expresiones superficiales o folclóricas. “Celebramos el fundamento de nuestra fe: que la vida y la salvación de este mundo pasan a través de la cruz”, expresó. Lamentó que durante la Semana Santa se registren hechos violentos con víctimas mortales y consideró que los esfuerzos de las autoridades mexicanas contra la violencia no han sido suficientes.
“Es lamentable que se tenga que pensar tanto en la seguridad en una semana de recogimiento”, agregó el obispo de Torreón.
Mientras tanto, en Jerusalén, la situación contrastaba sharply con las celebraciones mexicanas. La policía de Israel impidió la procesión del Domingo de Ramos al impedir el paso a la iglesia del Santo Sepulcro al búsquen cardinal Pietro Parolin. Por primera vez en siglos, se impidió a los jefes de la Iglesia celebrar la misa del Domingo de Ramos en ese templo.
Los agentes detuvieron al cardenal Pizzaballa junto al Custodio de Tierra Santa, Francesco Lelo, y suspendieron la tradicional procesión desde el Monte de los Olivos. Las autoridades israelíes mantienen clausurados los lugares santos de la Ciudad Vieja de Jerusalén.
El Patriarcado Latino en Jerusalén calificó el incidente como “un grave precedente y supone un desprecio hacia la sensibilidad de miles de millones de personas en todo el mundo que, durante esta semana, tienen la mirada puesta en Jerusalén”.